Predicando con el ejemplo (por aquello de ser primero lector) he querido inaugurar mi blog con este estupendo artículo de Alberto Olmos sobre el oficio del escritor que leí ayer en El Confidencial. Aunque no estoy de acuerdo con la condescendencia con la que el señor Olmos se refiere a la salud cultural de nuestro país (porque diagnósticos como ese los hay por todo el planeta, pero parece que a nosotros siempre nos duele todo más), algunas de sus reflexiones debería grabárselas a fuego cualquiera que tenga en mente dedicarse a la literatura. Reformulo la principal: que a escribir se aprende leyendo. Y no se trata solo de tomar a autores ya consagrados como modelo de estilo o fuente de inspiración (que también). Ni siquiera de leer para formarse.

Ante todo, es una cuestión de humildad.

¿Cómo va uno a escandalizarse porque nadie quiera leer su novela si él mismo no lee desde hace meses? Y para los que escriben pensando en el mercado, ¿por qué asumir que tu trabajo tiene hueco en editoriales, si desconoces los gustos del público actual? Luego están esos aires de grandeza de los que hacen de la escritura un oficio sagrado y que Olmos relativiza con acierto: sin tu obra, el mundo sigue girando. Sin lectores, no. En plena era de internet, en la que cualquiera puede compartir su trabajo en las redes sociales o hasta autopublicarlo en forma de libro, conviene reflexionar sobre todo esto. Para los escritores noveles, de paso, sirve para ahorrarse disgustos (a menudo injustificados).

Me los quitan de las manos, oiga.

Lo que leemos nos une

Dejando a un lado el artículo, repito mucho que la parte de la biografía de un autor que más me interesa es saber cuáles son (o eran) sus libros favoritos. Siempre es agradable coincidir con el juicio de personas a las que admiras, claro. Pero por encima de todo, lo bonito de ir conectando unos nombres con otros uno se da cuenta de hasta qué punto la Literatura mundial está configurada a partir de redes de lecturas comunes. Puedes coger autores tan dispares como Thomas Mann y H. P. Lovecraft y encontrar que ambos comparten varios referentes literarios y filosóficos. Hasta cierto punto es natural (ambos eran coetáneos, después de todo), pero si seguimos tirando del hilo… existen cadenas de recepción (unas más largas, y otras de apenas un par de eslabones) que conectan a cualquier pareja de escritores que se nos ocurra. Lo que me lleva a otro punto.

Leer en la Red 2.0

Como decía antes, vivimos en la era de las redes sociales. Y eso implica que la competencia para encontrar lectores es más dura que nunca, pero también que los escritores tenemos la oportunidad de interactuar con ellos más que en cualquier otra época. Por eso mismo quiero pensar que los ineludibles botoncitos de Twitter, Facebook e Instagram que flotan a la derecha de vuestra pantalla no son solo herramientas de publicidad. Con esa idea en mente nace este blog. A ver qué tal se da.

¡Hasta que nos leamos!